воскресенье, 26 мая 2013 г.

Cinco años en Guantánamo

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24.05.13.- Ayer, el presidente estadounidense Barack Obama anunció, junto con nuevos criterios para usar drones contra personas, que apresuraría el cierre de la prisión de Guantánamo. Empleada durante ya más de once años, en ella han estado recluidos 779 hombres, de los que quedan aún 166.  

Obama levantará la orden de suspensión que impide repatriar prisioneros a Yemen, lo que permitirá liberar a más o menos la mitad, yemeníes ya declarados aptos para salir. Los reclusos de Guantánamo viven en una especie de limbo legal, sin los derechos de los prisioneros de guerra ni los de los presos comunes. Una película alemana, estrenada precisamente ayer, lo ilustra con un caso real.



Entrevista al director y al protagonista de una película sobre el caso de un prisionero turco-alemán

Berlín. Murat Kurnaz, un joven turco-alemán, estuvo internado casi cinco años en el campo de prisioneros de Guantánamo. Hecho prisionero en Pakistán en noviembre de 2001, fue trasladado en enero de 2002 desde un campo estadounidense de Afganistán hasta Guantánamo, donde estuvo hasta agosto de 2006. Sus 1.725 días en el campo son el tema de la ópera prima del guionista y director Stefan Schaller, 5 Jahre Leben (“5 años de la vida”).

El filme se centra en los interrogatorios del investigador de la CIA (personaje de la vida real) Gail Holford (Ben Miles) a Murat Kurnaz (Sascha Alexander Geršak). Pese de emplear todos los medios –también la tortura y el aislamiento–, el investigador solo consigue que Kurnaz reitere una y otra vez su inocencia; finalmente es liberado sin haber hecho ninguna confesión. La película no solo cuestiona el “sistema Guantánamo”; sobre todo indaga en el duelo psicológico entre el interrogador y el interrogado, y en cómo Murat Kurnaz superó esos cinco años sin secuelas psicológicas. En esta entrevista, el director y el actor principal explican qué pretendieron mostrar con la historia del prisionero.

Sin sentimientos de venganza

–¿Por qué quiso hacer esta película como su debut en la dirección?

–Stefan Schaller: Se trata de una historia increíble: que un joven salga ileso de cinco años de prisión. Murat Kurnaz nació en 1982; es decir, tiene mi misma edad. Vivió a flor de piel la violencia y la arbitrariedad. Esto es algo que no me dejó tranquilo. Después del 11 de septiembre hubo ciertas corrientes, en la sociedad y en la política, que renunciaron sencillamente a principios del Estado de Derecho. Y el tema sigue siendo actual, como se ve ahora en Boston. La sociedad tiene miedo; nadie quiere vivir el terrorismo. Pero la pregunta es: ¿cómo tratamos esos problemas? Por eso, para mí era muy importante hacer esa película, para mostrar el significado del tema y las consecuencias de la actuación política.

–¿Cómo se preparó para representar a Murat Kurnaz? ¿Habló con él?

–Sascha Alexander Geršak: Antes de comenzar el rodaje me pregunté si era bueno conocerle, si eso coartaría mi libertad en la actuación; pero en definitiva, las conversaciones que mantuve con él fueron buenas e importantes, pues pude ver directamente quién es Murat Kurnaz, sus puntos fuertes. Creo que yo no habría superado esa prueba; quizá la habría superado físicamente, pero en mi desarrollo personal habría dejado, con seguridad, huellas. Quien ingresa en una prisión así sin ser terrorista, puede ser que salga después de cinco años siendo terrorista. Sin embargo, Murat Kurnaz no tiene ningún sentimiento de venganza, lo cual se debe a su fe; es algo que me impresionó profundamente.

–¿Tuvo que hacer mucho trabajo de investigación? ¿En qué relación se encuentran la autenticidad y la libertad artística?

–Stefan Schaller: Podríamos haber hecho también una especie de “docudrama” sobre esos cinco años. A mí, los documentales que existen sobre Guantánamo me parecen muy buenos; pero en una película de ficción no podíamos tratar todos los temas. Necesitábamos una dramaturgia que funcionara y teníamos que saber qué es lo que queríamos relatar: me interesaba sobre todo la persona que es capaz, en ese sistema, de conservar su libertad interior; si se quiere, una idea filosófica. Me pareció importante relatarlo en un filme con una postura estética propia frente a la violencia. En las investigaciones nos encontramos con mucha violencia; pero me preocupaba que, si la mostrábamos explícitamente, el espectador asumiera una especie de distancia con respecto de la figura, que observara a Kurnaz como a través de un filtro. Por eso nos concentramos más en la violencia psíquica que en la física. Como un sector de la prensa presentó a Murat Kurnaz como una especie de monstruo, me pareció importante presentar su humanidad. Por otro lado quisimos mostrar cómo funciona el sistema de la dependencia entre el interrogador y el prisionero. Hay tantos aspectos que es difícil integrarlos todos; por eso tuve que encontrar un modo propio de hacerlo.

–Sascha Alexander Geršak: Todos intentamos hacer nuestro trabajo del mejor modo posible. En este caso, nos planteábamos además la cuestión de si responderíamos a la realidad: ¿conseguiríamos plasmar lo sucedido en imágenes?, ¿podríamos representarlo? Hay que confiar en las personas con las que se trabaja, hay que confiar en la historia para involucrarse en la realidad.



Incomunicado pero sin intimidad

–¿Cómo puede prepararse un actor a la incomunicación?

–Sascha Alexander Geršak: Hice algún experimento; por ejemplo, me encerré en una habitación pequeña y me propuse no salir durante cuatro horas; pero tenía claro que eso no era la realidad, porque sabía que terminaría en un determinado momento. En la incomunicación, por el contrario, se pierde la noción de tiempo y espacio, del día y de la noche, lo que se consigue conscientemente con una iluminación y ruidos continuos. Un actor debe intentar producir esa situación en su imaginación. Durante el rodaje hubo algunos momentos –por ejemplo, cuando los extras que hacían de prisioneros tosían o hablaban en voz baja– que ayudaban a darse cuenta de lo que significa estar durante años como las gallinas, en una especie de caja transparente de seis metros cuadrados, con un WC y una cama… Uno no puede recluirse en ningún lugar; está siempre sometido a la exhibición. Impresionaba mucho.

–La mayoría de las escenas se desarrollan exclusivamente entre el interrogador y el interrogado. ¿Por qué no trata el filme las reacciones que el caso produjo en Alemania?

–Stefan Schaller: Los alemanes son un factor importante, que me hubiera gustado mostrar. Pero que, en la relación entre el interrogador y Murat, hubieran irrumpido de repente funcionarios alemanes, habría producido malentendidos en nuestra dramaturgia; hubiera tenido que seguir esa pista y explicar la complicada situación de las autoridades alemanas, lo que habría llevado a perder de vista a Murat como protagonista de la historia. Para mí fue una decisión difícil: la historia personal de Murat o la dimensión política; narrar las dos cosas en el filme no era posible. Si hubiera introducido a las autoridades alemanas, habría hecho otra película, pues habría tenido que mostrar los procesos de decisión del Gobierno y no me habría podido centrar en el caso individual y personal… que para mí fue el motivo de hacer esta película. Entiendo por qué hace esa pregunta; pero no hubiera casado con nuestra dramaturgia.

Para mover a la gente a pensar

¿Espera que este filme tenga consecuencias, que los políticos vuelvan a tratar del caso?

–Sascha Alexander Geršak: Naturalmente que tengo esa esperanza: por eso se hacen estas películas, y no solo para ganarse la vida. Espero que la vean personas que de lo contrario no se interesarían por ese tema… quizá no en el cine, pero más tarde, en DVD o en la televisión. El filme es positivo: muestra cómo se puede superar esa situación. Por supuesto que también se puede preguntar por qué un joven, inmediatamente después del 11 de septiembre, viaja a Pakistán, a una escuela coránica; pero en realidad podría pasar a cualquiera. Por ejemplo, alguien podría haber terminado la carrera de ingeniería y viajar a Pakistán para conocer sus embalses; de camino en un autobús, en un sitio cercano a la frontera –como le sucedió a Murat– es detenido por el color de su piel, por no tener aspecto de paquistaní; le sacan del autobús y le venden a la CIA por 3.000 o 5.000 dólares.

–Stefan Schaller: Tengo curiosidad sobre todo por ver cómo reaccionan las personas “normales”, que no están especialmente informadas sobre el tema, cuando vean la película. Me parece muy importante que el espectador siga ocupándose de la temática después. ¿Que si los políticos lo harán? No sabría decirlo. Hay un aspecto que todavía está sin responder: ¿Se puede tolerar un sistema que actúe al margen del Estado de Derecho? Cuando, recientemente, se detuvo al causante del atentado de Boston se habló mucho sobre ello; la opinión pública se entera de ello. En el caso de Guantánamo, el shock producido por el 11 de septiembre era tan grande y tan nuevo que, a pesar de las advertencias de los expertos, se renunció a los principios del Estado de Derecho y se iniciaron guerras. Quizá el film pueda contribuir a que se hable de ello y a que se reflexione sobre esas cuestiones. Personalmente, espero sobre todo que otras personas conozcan mejor a Murat.

–¿Tuvo alguna vez dudas sobre la veracidad de los hechos tal como se presentan en el filme?

–Stefan Schaller: En primer lugar soy de la opinión de que la tortura, en un Estado de Derecho, nunca puede ser un medio legítimo. ¿Que si tuve dudas sobre la inocencia de Murat? ¡No! No existe ninguna prueba en su contra, no le pudieron probar nada. Estoy seguro de que su intención, en Pakistán, era conocer mejor su religión, aunque entiendo que su comportamiento pueda ser considerado como ingenuo. Quizá hubiera alguien en el entorno de la mezquita, o en ciertos círculos islámicos, que se fijaran en él. Pero eso desvía la atención de cuestiones mucho más decisivas: me parece que había temor de cómo tratar su caso, quisieron mostrarse duros para reparar los errores cometidos. No podemos olvidar que los autores del atentado del 11 de septiembre procedían en parte de Hamburgo; también en Alemania había mucho miedo de que se produjeran atentados.

Por José M. García Pelegrín
http://www.eldiarioexterior.com/cinco-anos-en-guantanamo-42239.htm

La opinion de los autores no coincide necesariamente con la de Boris.

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